Museos y Exposiciones Sobre Moda

La moda en los museos, tradicionalmente, ha sido motivo de discusiones de todo tipo. Cuestiones como: ¿La moda es arte?, han estado en boca de muchos de nosotros en los últimos años. Como muestra, un botón: El enorme éxito que está teniendo la exposición del Costume Institute en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, un verdadero blockbuster inesperado – no creemos que la Gala Hortera de la Moda del Met, haya contribuido a incrementar la asistencia a la exposición -. Para hacer ese tipo de galas, deberían consultar a la gente de The Sartorialist, eso sí es buen gusto, a nuestro “modisto” entender.

Hay cosas que ayudan a posicionar el mundo de la moda en los museos. Las exposiciones sobre la moda en algunos de ellos, por ejemplo, ahora se complementan con espectáculos pensados para todos los públicos, no sólo para las “fashion victims” (olvidémonos ya de la gala hortera del MET para siempre), con eventos, conferencias y…

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Cambio de Exposiciones del Museo – Y Parte 3

En nuestros dos últimos artículos, compartíamos con vosotros una investigación cuyo objetivo era recabar valoraciones del público sobre los cambios de las exposiciones en los museos. Hemos buceado en lo más profundo de nuestras bases de datos para ver qué nos encontrábamos sobre este tema. A partir de ahí, examinamos las opiniones de los diferentes segmentos de la audiencia, analizando la manera en la que los asiduos a los museos, fundamentalmente, tienen a la hora de evaluar los cambios de exposiciones. Estos últimos, los que visitan mucho estas instituciones, opinaron que “su” museo tenía “buenas exposiciones”, y punto. Pero hay más…

Life-Preserver-ReprintExposición “Titanic”

En el artículo de hoy, vamos a examinar la información desde otras dos nuevas perspectivas, preguntándonos a nosotros mismos:

  • ¿De qué manera el grupo de encuestados, los que opinan que quieren que las exposiciones se cambien con más frecuencia, son un grupo mayoritario en relación a los demás, sin atender al tipo de museo?
  • ¿Hay muchas diferencias en las respuestas con relación a…

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Agendas Mundi LXIX – Museos en la República Democrática del Congo

Como mucho, es más un concepto geográfico que una nación de pleno derecho, la República Democrática del Congo (antigua Zaire) muestra uno de los capítulos más tristes de la historia moderna: de la locura política del rey Leopoldo de Bélgica allí (en todos los hornos se cuecen bollos) a la cleptocracia terriblemente corrupta del líder rebelde Mobutu y los campos de batalla manchados de sangre de la Primera Guerra Mundial en África.

TvyamNb-BivtNwcoxtkc5xGBuGkIMh_nj4UJHQKuoXVGsGWROctU5jZGWYmupEi87ESJflsEnk0krgSecta Tata Honda, por Gergely Lantai-Csont

Pero después de un caos de décadas de duración en el que gran parte del país cayó en la anarquía, el segundo mayor país de África, a grandes rasgos, parece que va en la dirección correcta. Todavía tiene un largo camino por recorrer (las milicias siguen comportándose con brutalidad hacia los civiles en muchas partes del país, y los avisos de las embajadas de occidente a los posibles turistas todavía advierten contra los viajes por toda la nación), pero…

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Perfil Profesional del Curador de Casas Históricas

Hoy vamos a hablar del perfil profesional relacionado con aquellos de vosotros que queráis o busquéis trabajar de curador de “Casas Históricas” (o propiedades históricas), que en realidad es una especialidad de rango muy amplio, ya que hablamos de construcciones milenarias, pasando por castillos e incluyendo todos los demás periodos de la Historia de la Construcción. La interpretación de lo que entendemos por “casa histórica” incluye cuestiones que están relacionadas con la historia, como es evidente, con la arquitectura, la historia social, cultural y artística de la construcción, etcétera.

5cc2eb66220542f1a28d5b85c8228195Fortaleza flotante (Ucrania)

La curación de una casa museo incluye aquellos temas relacionadas con la conservación, restauración y seguridad, la interpretación de la historia de la casa, fortaleza o castillo, información sobre sus dueños y sus colecciones, así como también el trabajo de generar toda la información y comunicación necesaria sobre la propiedad hacia los visitantes.

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Un curador de casa histórica en realidad debe ser una persona con múltiples conocimientos…

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Cómo Exponer Tu Arte en un Museo

El museo es el Salón de la Fama de los artistas, l´must, dónde el mejor arte es expuesto públicamente, aclamado, dignificado, preservado, admirado y honrado a perpetuidad mientras se mantenga allí expuesto. Fuera de toda duda, todos los artistas quisieran ver su obra expuesta en un museo, y quien diga que no estará mintiendo. Que un museo compre tu obra es la validación total y absoluta del reconocimiento a un trabajo artístico, a un inhumano esfuerzo, en ocasiones a toda una vida de lucha. Los curadores, esos seres que pululan por las alturas del Parnaso, te podrán llegar a decir: “quiero tu pieza en mi museo”. Tu contestarás: “por favor, se lo ruego, hágala suya”. Y el resto, como muchos bien sabemos, es otra historia.

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Eres un artista que piensa que tu obra es realmente buena, incluso mucho mejor que muy buena. Piensas que tu obra tiene la calidad más…

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¿Cómo Evaluar el Arte?

¿Qué criterios seguimos para valorar el Arte? Esta es una pregunta que nos hacemos todos los aficionados a las artes plásticas en alguna ocasión o frecuentemente. Existen muchas opiniones sobre este tema, casi tantas como amantes del Arte hay sobre la faz de la tierra. Es una cuestión que despierta acalorados debates, discusiones, opiniones, silencios, no dejando a nadie indiferente. ¿Qué es lo que hace buena una obra de Arte? Sabemos muy bien que esta consideración sobre el valor de una obra puede ser algo muy personal, que ese valor dependerá de lo que cada uno de nosotros entienda como “bueno”. Pero, ¿debería ser así ese criterio de valoración? ¿Deberían ofrecerse unas líneas maestras de valoración que cada uno podamos seguir para determinar si una obra de Arte es buena o mala? ¿Cuál debería ser el estándar universal de una obra de Arte para que lo sea?

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Nosotros tenemos una idea muy personal y…

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Storytelling: Museos que Cuentan Historias

En la concepción actual del marketing y de la comunicación, el agotamiento de los medios de masas, su crisis de credibilidad y la pérdida de efecto y fondo del discurso clásico “uno a uno” y del que los museos tampoco se libran, han empujado a algunas de estas instituciones – aun muy pocas – a buscar nuevas formas de encontrar puntos ejes de vinculación con sus públicos en el plano electrónico. El storytelling es la fórmula que han encontrado las organizaciones (desde el marketing político e institucional) para construir discursos en Internet (también el plano analógico) que logren conectar emocionalmente con sus grupos de interés, para pasar a formar parte de su entorno y crear lazos fuertes entre el museo y sus visitantes online.

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Siguiendo la definición del principal referente en esta materia, Christian Salmon, el storytelling es “la máquina de fabricar historias y formatear las mentes” – suena un poco duro…

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Creación de Estrategias de Contenidos Museísticos en Internet

Seguimos profundizando sobre la elaboración de una buena estrategia de contenidos para el museo online, que será aplicable a cualquier campo de acción, incluso fuera del museo. Como cualquier estrategia, no sólo en el marco del marketing de contenidos, debemos partir de un análisis de la situación actual tanto a nivel interno como a nivel externo. Sólo de esta forma podremos situar de manera precisa el punto de partida y fijar, con criterio, los objetivos a alcanzar con nuestros contenidos.

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Focalización del análisis en dos planos:

– Entorno general: Considera aquí los factores legales, políticos, económicos, socio-culturales o tecnológicos en que desarrolla el museo o entidad. Pueden parecer obviedades, pero una estrategia de contenidos debe considerar por ejemplo, la accesibilidad a Internet de un país o por ejemplo, los diferentes buscadores o tendencias en el uso de determinadas redes sociales en cada mercado.

– Entorno específico: Analiza otros casos…

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La ruta de Washinton Irving

La Ruta de W. Irving constituye una arteria virtual de las rutas de al-Ándalus: enlazada, tocando tierras de Málaga, Sevilla y Granada, dos capitales deslumbrantes, dos ciudades esenciales de la civilización hispano-musulmana. El itinerario revive, poco más o menos, el camino que hizo en 1829 el romántico escritor norteamericano que da nombre a la ruta, fascinado por el exotismo y la exuberancia de los vestigios “árabes” de Andalucía.

Un camino histórico que, en la Edad Media, sirvió de importante vía comercial entre el reino nazarí de Granada y los dominios cristianos. Una ruta marcada, por tanto, con un carácter netamente fronterizo, que lleva de las tierras bajas a orillas del Guadalquivir a las vegas circundadas por las montañas en las inmediaciones de Granada. En su trayecto, a lo largo de las provincias de Sevilla, norte de Málaga, por Antequera, y Granada, se incluyen extensos pueblos de la campiña y enriscadas villas a los pies de alcazabas y castillos, localidades que atesoran una riqueza monumental extraordinaria en medio de espacios de gran interés y diversidad paisajística natural. Los usos, costumbres y tradiciones que animan la vida de estos pueblos, en los que la agricultura es la principal actividad, ofrecen un aliciente adicional para un fascinante viaje.

El tono legendario del recorrido se acentúa, además, al atravesar comarcas que el pasado siglo destacaron por la presencia de contrabandistas y bandoleros como los famosos Siete Niños de Écija y José María El Tempranillo.

Paisaje:

El camino pasa de las ondulaciones de la campiña sevillana a un terreno más quebrado, a partir de Estepa. Singular interés revisten en estos tramos las lagunas que salpican los campos, destacando especialmente la de Fuente Piedra. Las sierras, con las caprichosas formaciones calcáreas del Torcal de Antequera, se suceden flanqueando la cadena de vegas que lleva a granada.

Recorrido y distancias:

La ruta transcurre entre Sevilla y Granada, distantes unos 250 kilómetros, a lo largo de un trayecto que se ajusta, básicamente, a la autovía A-92. A partir de Sevilla, se dirige en primer lugar a Alcalá de Guadaira, acercándose después a Carmona, Marchena y Écija, para volver de nuevo a la A-92. Tras rebasar Osuna, Estepa, La Roda de Andalucía, Fuente de Piedra, Humilladero y Mollina, entra en la vega de Antequera. Atraviesa luego Archidona, Loja y Huétor-Tájar. Desde Moraleda de Zafayona, se desvía para visitar Alhama de Granada, al sur. Al norte de la A-92, asciende hasta Montefrío e Íllora, retornando por Fuente Vaqueros y Chauchina al eje de ruta, que culmina en Santa Fe y Granada.

Arquitectura:

MUSULMANA, BARROCA, POPULAR

El considerable Patrimonio monumental de las poblaciones de esta ruta ofrece, en primer lugar, una extraordinaria selección de arquitectura hispano-musulmana. Su rastro se prolonga luego a través de obras mudéjares, barrocas y de la arquitectura popular que fundamentan el elevado número de conjuntos de interés histórico-artístico que jalonan el camino. Junto a las excepcionales muestras del arte musulmán de Sevilla, con la Giralda y el Alcázar, y Granada, la ciudad de la Alhambra y su corte de valiosos restos, en las villas y ciudades de esta ruta aparecen edificaciones no menos excepcionales; castillos y fortalezas, como los de Alcalá, Antequera o Loja, mezquitas como la de Archidona, baños como los de Alhama de Granada, de magnífica conservación. El mudéjar y el barroco exhiben aquí innumerables obras maestras: iglesias con torres que recuerdan alminares de mezquitas, templos de tupida decoración con armaduras y yeserías que evocan oficios de raigambre musulmana, palacios, edificios públicos, etc. Compartiendo elementos comunes a las tradiciones musulmana, mudéjar y barroca, surge una arquitectura popular sencilla y noble, presente en las construcciones urbanas y en las haciendas, cortijos y caserías del camino.

Washington Irving:

El protagonista de la ruta, escritor y diplomático norteamericano (1738-1859), es el prototipo de viajero romántico. Seducido por Europa, quedó cautivado por el «exotismo» de Andalucía. En 1829 hizo el camino entre Sevilla y Granada, donde residía algún tiempo. Sus andanzas dieron fruto varias obras de tema hispano árabe entre las que destacan sus celebérrimos cuentos de la Alhambra, que tanto contribuyeron a la imagen romántica de Andalucía.

Fiestas:

Los ciclos festivos de las localidades de la ruta de W. Irving responden al esquema más habitual por tierras andaluzas. La Semana Santa, las ferias y fiestas patronales, cuya temporada se concentra en la primavera y el verano, las celebraciones de Corpus y romerías, suelen ser los acontecimientos más señalados. Singular relevancia tiene el flamenco, rasgo inconfundible de la cultura popular de estas comarcas, presente en festivales y ferias.

El caballo:

Contaba un viejo dicho que los caballos de la campiña sevillana eran tan veloces porque las yeguas quedaban preñadas por el viento, lo cual pone de manifiesto la fama que siempre han tenido los equinos criados a lo largo de esta ruta. La imagen de briosos corceles está asociada, además, al trajín de los viajeros y su legendario cortejo de bandoleros, característico de este itinerario. En tierras de Écija, Marchena, Osuna, Antequera, Loja, hasta las cercanías de Granada, pastan yeguadas que conservan con gran pureza la raza del caballo español, con dedicación también a la raza árabe. Se trata, pues, de un escenario idóneo para realizar rutas y excursiones a caballo.

Gastronomía:

Los productos de la tierra que se encuentran a lo largo de esta ruta son la base de una sabrosa gastronomía. De gran fama son sus panes, el alimento más sencillo, como los de Alcalá, Antequera, con sus molletes, y tantos pueblos hasta las mismas puertas de Granada. El aceite se prodiga desde Sevilla, por Carmona y la campiña hasta Estepa y La Roda, y desde Antequera, centro de la producción de la variedad hojiblanca de aceituna, a Loja y la Vega. Los productos naturales de alta calidad, como los espárragos de Huétor-Tájar, y una gran variedad de hortalizas, dan sustancia a la cocina, que sirve abundantes potajes y guisos, platos como la porra y los gazpachos, ensaladas, etc… Las chacinas y los platos de carne, de caza también, de pescado, suponen otro apartado de particular interés. Especial mención merecen los dulces, desde los elaborados por monjas de clausura en numerosos pueblos, a los famosos mantecados, polvorones, roscos, alfajores y un sinfín de otras delicias.

Artesanía:

Desde Sevilla a Granada, proliferan los talleres donde se trabajan algunas de las manufacturas más representativas de la artesanía andaluza. La cerámica ofrece un excelente repertorio en ambas capitales y otras poblaciones. Los trabajos en metal tienen también una presencia notable, así como los oficios de la madera y los del cuero, aplicado en guarnicionería, talabartería o encuadernación. Las labores con fibra vegetal y otras especialidades, como la joyería y la fabricación de guitarras, completan el panorama artesano de la ruta.

Córdoba y sus monumentos

Una selección de maravillosos monumentos de Córdoba ordenados alfabéticamente:

Sinagoga (calle Judíos)

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Única en Andalucía y superviviente de las tres que quedan en España fue construida en el año 1315. El acceso a las sinagogas se hacía desde un pequeño patio dando paso a dos habitaciones, un pequeño vestíbulo y la sala de oración. A la derecha del vestíbulo se encuentra una escalera con pasamanos que permitía subir a la tribuna a las mujeres desde donde éstas seguían los oficios religiosos. En el muro Este de la sala de oración, (orientado a Jerusalén) se abría la cámara en la que se guardan los rollos de la Ley y el hueco donde se alojaba el aron o armario que contenía los rollos de la Torá, cinco primeros libros de la Biblia. A la izquierda de la puerta de entrada, (muro occidental) un arco polilobulado apuntado cobija el púlpito desde donde se leía la Torá, dirigiéndose el oficio religioso. Los muros de la sinagoga están decorados por yeserías con motivos vegetales y epigráficos alusivos a salmos y al Cantar de los Cantares.

 

Puerta de Almodóvar

Conocida en la época musulmana como la Bad-al-Chawz o Puerta del Nogal es el único acceso que queda del recinto amurallado de Córdoba junto a la Puerta del Puente.

Restaurada en el año 1802, conserva almenas y adarve a pesar de derribarse en el año 1823 una torre albarrana que se unía a la muralla por medio de un arco.

 

Hospital del cardenal Salazar. Capilla de San Bartolomé (Plaza del Cardenal Salazar)

Fundado en el año 1704 por el Cardenal Salazar como colegio de los niños del coro, se convirtió en un hospital a raíz de una epidemia de peste que por aquellos años asoló la ciudad. Considerado como una de las construcciones civiles más relevantes del barroco andaluz, debe su traza a Hurtado Izquierdo, conteniendo patios de bella factura, escaleras abovedadas y capillas.

 

Calleja de las Flores

Frente a la mezquita-catedral, una estrecha calle con arquillos (calleja de las flores) da paso a uno de los rincones más fotografiados en la ciudad (plaza de las flores) desde donde puede verse una especial panorámica de la torre de la mezquita-catedral.

 

Baños árabes de Santa María (calle Velásquez Bosco)

Junto a la mezquita-catedral se hallan uno de las cientos de baños que existieron en la época califal (siglos X-XI). Anexos a una tienda de antigüedades.

En su ingreso se encuentra la sala de reposo o vestuario que conducía a la sala de agua fría, transformada hoy en patio abierto y rodeado por ocho arcos de herradura con capiteles califales. A esta dependencia le fue suprimida el estanque. La cúpula central da paso a la sala de agua caliente que conserva todavía la bóveda de cañón, los muros y un aljibe.

 

Antiguo convento de Santa Clara. Restos de mezquita y alminar (calle Rey Heredia)

Restos de una antigua mezquita de época califal se integran en el antiguo convento de santa clara, fundado en el año 1265 y desaparecido en el año 1846. El alminar, considerado como el más tardío de los existentes en la ciudad (finales del siglo X), conserva un único cuerpo de fábrica árabe en su mitad inferior y cristiana bajomedieval en su parte superior. Desde la calle Osio puede verse una puerta de acceso al oratorio, aunque la fachada principal que da a la calle Rey Heredia es de una adaptación barroca del siglo XVIII.

 

Conservatorio Superior de música (calle Ángel de Saavedra)

Muestra destacada de la arquitectura civil cordobesa durante el Renacimiento, fue morada de Rodrigo Méndez de Sotomayor. Su fachada plateresca, relacionada con el estilo de Hernán Ruiz II está presidida por una ventana con columnas abalaustradas, decoración con temas mitológicos y los escudos de armas de la familia.

 

Iglesia de Santa Victoria (calle Juan Valera)

Constituye uno de los escasos ejemplos en C órdoba de estética neoclásica (siglo XVIII), gracias a la intervención de Baltasar Devreton y Ventura Rodríguez. Se dedica a Victoria, una santa mártir cordobesa de época romana. La iglesia, inspirada en modelos clásicos es el elemento más relevante tanto por su planta circular como por la gran cúpula. Su interior alberga grandes lienzos del siglo XVIII pintados por Agustín Grande.

 

Iglesia de la Compañía (Plaza de la Compañía)

La actual parroquia del Salvador y Santo Domingo de silos fue la antigua iglesia del colegio Jesuita de la compañía, suprimido en 1767. Las obras del templo comenzaron en el año 1564 bajo las trazas de Hernán Ruiz II, que reforma el colegio dotándolo de la fisonomía que hoy tiene. De aquella época datan el patio y una magnifica escalera barroca de mármoles policromos con rica bóveda. Frente a la sobriedad que presentan los templos jesuíticos, la decoración de la iglesia se concentra en la portada principal a la que se accede a través de dos rampas afrontadas y un antetecho de mármol. Es uno de los ejemplares más interesantes del Manierismo en Andalucía, destacando la cúpula que se remata por una esbelta linterna, una importante colección de retablos y la también imagen del Señor Yacente o Cristo del Santo Sepulcro.

 

Iglesia de la Trinidad (Plaza de la Trinidad)

Resultado de la fusión de tres instituciones religiosas: el antiguo convento trinitario, la desaparecida parroquia de Omnium Sanctorum y la de San Juan, la iglesia fue levantada en el siglo XIII sobre una antigua mezquita aunque no queda nada de aquella época.

Durante el siglo XVIII comenzaron las reformas de un templo que amenazaba ruina, reestructurándose en una nave única con sotacoro y dos portadas decoradas con temática trinitaria. Además de guardar importantes retablos, la iglesia posee una estimable colección de pinturas barrocas relacionadas con Antonio Castillo, Palomino y el cartujo Juan Sánchez Cotán. En la sacristía se expone un pequeño pero interesante grupo escultórico en barro policromado de San José y el niño, obra del autor granadino José Risueño.

 

Alminar de San Juan (Plaza de San Juan)

La torre de la iglesia de San Juan fue un antiguo alminar de la mezquita construido durante la época musulmana (siglo IX) en plena medina. De estructura interior circular, se anexionó a un templo fundado tras la reconquista, pasando a formar parte en el siglo XIX del colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.

 

Real colegiata de San Hipólito (Plaza Ignacio de Loyola)

Ubicado en una zona despoblada de San Nicolás de la villa durante la Baja Edad Media, el monasterio de San Hipólito fue fundado por Alfonso XI como panteón real y lugar donde celebraban los oficios religiosos en memoria de los reyes difuntos. Las obras de construcción fueron muy lentas ya que solo se realizó la cabecera y el crucero en el siglo XIV quedando incluso el resto del edificio. No será hasta el siglo XVIII cuando se culmine la iglesia, momento en el que se trasladarán los sepulcros de Alfonso XI y Fernando IV procedentes de la Capilla Real de la Catedral. Las transformaciones barrocas afectarían al crucero, naves, sacristías y fachada en la que destaca una portada de ladrillo estucado donde se utiliza por primera vez el estípite. Por lo que respecta a las obras muebles conviene citar un conjunto de retablos del siglo XVIII, unas imágenes de los santos Juanes realizadas en el año 1600, así como el Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora Reina de los Mártires, obras procesionales contemporáneas. El claustro guarda la tumba de Ambrosio de Morales, gran humanista, historiador y cronista de Felipe II.

 

Iglesia de San Nicolás de la Villa (Plaza San Felipe)

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Es una de las catorce iglesias erigidas tras la toma de la ciudad por Fernando III el Santo en el año 1236 aunque su construcción pudo retrasarse hasta el año 1276. Levantada en la villa sobre los restos de una antigua mezquita se vio sometida a distintas remodelaciones que afectaron a la portada principal, cegada durante el siglo XVIII para permitir la ubicación del coro. Caben destacarse varios elementos: la torre que aprovecha un viejo alminar islámico, luce el escudo del obispo Manrique con alegorías de la paciencia y obediencia.

Al siglo XVI pertenecen la portada  que da a la Avenida del Gran Capitán, la magnífica escalera de caracol de la antesacristía y la Capilla del Bautismo, obras renacentistas de Hernán Ruiz II. Tampoco conviene olvidar el importante patrimonio mueble que posee la iglesia, el retablo mayor y una espléndida colección de orfebrería barroca cordobesa.

 

Mausoleo romano (Paseo de la Victoria)

Situado en la necrópolis romana occidental de Córdoba junto a la calzada que conducía a Híspalis (Sevilla), este enterramiento del siglo I fue descubierto en 1993. Consiste en una edificación cilíndrica construida con un núcleo interior de hormigón revestido en sillares de calcarenita. Conserva la cámara funeraria que cobijaba la urna cineraria así como restos del basamento, cornisas y petril almenado. Inusual por su tipología en la península, pudo haber sido diseñado por un arquitecto itálico tomando como referencia otros mausoleos de la capital imperial.

 

Templo romano (Calle Claudio Marcelo)

Ubicado en las calles Capitulares y Claudio Marcelo, se levantó sobre una alta y potente terraza de sillería que salvaba el fuerte desnivel que existía hacia el río. Ocupó el centro de una vasta explanada: un foro de carácter comercial en el que existió un altar de 4,5 metros al aire libre. Orientado hacia el Este, una escalinata daba paso a un pórtico de seis columnas que permitían el acceso al lugar donde se depositaban las imágenes sagradas, posiblemente emperadores romanos divinizados. En su construcción fechada en el siglo I d.c se empleó mármol, sillares de piedra caliza y hormigón, materiales que realizarían este elevado edificio visible a leguas de la ciudad.

 

Iglesia conventual de San Pablo (Calle Capitulares)

Construida entre los siglos XIII, y XVI. Con el tiempo se introdujeron reformas y añadidos como la portada principal del siglo XVIII y la capilla de la virgen del rosario, una de las más notables realizaciones del barroco cordobés.

Destacan dos elementos: el artesonada mudéjar que cubre la nave central y la antesacristía de época islámica que pudo haber formado parte de un palacio almohade (siglo XII-XIII) o un oratorio privado.

En San Pablo puede admirarse una de las joyas escultóricas de nuestra ciudad: Nuestra Señora de las Angustias realizadas por Juan de Mesa en 1627.

 

Iglesia parroquial de San Andrés (Plaza de San Andrés)

Fundada en el siglo XIII. Pudo haber tenido origen visigodo aunque en la actualidad resulta difícil de determinar dadas las distintas reformas que se llevaron a cabo en el templo durante los siglos XVII y XVIII.

Destaca la antigua portada principal erigida en 1489, la torre renacentista y el altar mayor trazado por el escultor barroco Pedro Duque Cornejo.

San Andrés posee un importante ajuar litúrgico de plata realizado por orfebres cordobeses entre los siglos XVIII, XIX y XX así como varios retablos y lienzos de pintores locales barrocos (Antonio del Castillo y Antonio Acisclo Palomino).

 

Casa de los Villalones (Plaza de Orive)

Se trata del más bello ejemplo de la arquitectura civil cordobesa del Renacimiento. Terminada en 1560 por Hernán Ruiz II, poseía en su interior la más hermosa huerta del casco histórico de Córdoba.

 

Casa de los Luna (Plaza de San Andrés)

Muestra de las casas solariegas erigidas a mediados del siglo XVI, da buena idea de la vivienda señorial cordobesa del momento: estética sobria y mirador en esquina. La erudición local consideró que el humanista Fernán Pérez de Oliva residió en esta mansión. Fue autor de un proyecto de navegación por el Guadalquivir entre Sevilla y Córdoba que provinciaba la inclusión de la ciudad en la aventura del descubrimiento como centro de distribución de los bienes de ultramar por el resto del territorio.

 

Iglesia conventual de Santa Marta (Calle Santa Marta)

El convento de Santa Marta, perteneciente a la rama femenina de la orden jerónima, fue fundado en el año 1462. Su templo corresponde al estilo «Reyes Católicos» característico por su planta cuadrangular de una sola nave cubierta por bóvedas de crucería. Destaca el retablo mayor realizado en el año 1582.

 

Plaza de Capuchinos

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Conocida también como la plaza del Cristo de los Faroles, o de los dolores es uno de los espacios más típicos y castizos de la ciudad. Su origen se remonta al siglo XVII, momento en el que se emprenden las obras del convento de Capuchinos, construyéndose un siglo más tarde el vecino Hospital de San Jacinto. El centro de la plaza lo ocupa el Cristo de los Faroles, una imagen que desde el año 1794 goza de gran devoción popular junto a la Virgen de los Dolores.

 

Cuesta de Bailío

Comunicaba la medina musulmana o Villa con el recinto amurallado oriental (Axerquía) a través de un Portillo abierto antes de la reconquista. Durante la Baja Edad Media, este acceso tomó el nombre de «Postigo de Ferrant Yñeguez», «Fuenseca» por la cercanía de la fuente homónima y «Portillo del bailío»; cargo concejil adquirido por un miembro de la familia de los Fernández de Córdoba que residió en la magnífica mansión que preside la cuesta.

Esta casa-palacio fue diseñada por Hernán Ruiz II en el siglo XVI siguiendo los cánones clasicistas del renacimiento a través de una fachada plateresca decorada con temas mitológicos.

 

Palacio de la Merced (Plaza de Colón)

Tradicionalmente el origen y fundación del convento va unido a San Pedro Nolasco quien recibe esta antigua basílica tras la conquista cristiana. En ella aparecieron vestigios de un hipogeo romano del siglo I d.C. sobre lo que fue la antigua necrópolis Norte de la Córdoba imperial.

De la construcción medieval no se han conservado restos algunos, sólo el Cristo de la Merced, una imagen del siglo XVI que posiblemente conociera Cristóbal Colón cuando fue acogido por los frailes mercedarios durante sus estancias cordobesas previas al descubrimiento.

Lo que vemos hoy día corresponde a un conjunto barroco del siglo XVIII del que se mantiene la iglesia, el patio porticado y una escalera imperial de mármol. Actualmente es sede de la Diputación Provincial Cordobesa.

 

Torre de la Malmuerta (Plaza de Moreno)

Servía de atalaya y defensa del lienzo nororiental de la muralla de Córdoba, estando unida a la cerca por medio de un arco. La construcción data del año 1408 aunque se levanta sobre los restos de otra torre albarrana primitiva. Su denominación ha dado lugar a la creación de diversas leyendas sobre su origen.

 

Iglesia conventual de San José (Cuesta de San Cayetano)

Tiene su origen en una comunidad carmelita establecida en el año 1613. A pesar de que el templo se construyó en el año 1656, durante el siglo XVIII sufrió importantes reformas. Lo más relevante del conjunto son las pinturas murales que cubren los paramentos y cubiertas de la iglesia, hecho que la distingue del resto de los templos barrocos cordobeses. Entre las imágenes procesionales destacan la de Nuestro Padre Jesús Caído, obra anónima del año 1670 y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, talla de autor desconocido del siglo XVII.

 

Monumento a Manolete (Plaza de los Condes de Priego)

Dedicada a uno de los toreros más afortunados de Córdoba. Su trágica muerte, ocurrida por una cogida en el año 1947, conmocionó al país y al pueblo de Córdoba que le dedicó este monumento levantado en el barrio donde residió varios años. El conjunto escultórico realizado por Luis Moya y Manuel Álvarez Laviada se inauguró en 1956.

 

Iglesia parroquial de Santa Marina (Plaza de los Condes de Priego)

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Notable ejemplo del estilo llamado «fernandino» característico de las iglesias andaluzas construidas tras la conquista cristiana en el siglo XIII.

En ella se aúnan elementos tardorrománicos, góticos y mudéjares aunque tiene añadidos de siglos posteriores como la torre renacentista y el sagrario, reformado durante el siglo XVIII.

Interesante es su rosetón, la portada lateral izquierda; única por sus características en Córdoba y la capilla funeraria de los Orozco.

 

Iglesia conventual de Santa Isabel de los Ángeles (Calle Santa Isabel)

Convento regido por clarisas franciscanas fue fundado a finales del siglo XV. La edificación de la iglesia se prolonga durante varios siglos siendo en el siglo XVII cuando se termina el cuerpo principal. Este convento posee merecida fama por sus dulces artesanales de navidad.

 

Iglesia conventual de San Agustín (Plaza de San Agustín)

Construido en el siglo XVI presenta importantes remodelaciones en el siglo XVII, momento en el que se decora con pinturas murales de gran calidad.

Entre los tesoros patrimoniales que guardaba la iglesia se encontraba la Virgen de las Angustias, última talla del afamado escultor barroco Juan de Mesa hoy hallada en San Pablo.

 

Hospital de Jesús Nazareno (Calle Jesús Nazareno)

En este hospital fundado durante la Baja Edad Media, tuvo su origen la Congregación de Hermanas hospitalarias, nacida en el siglo XVII gracias al impulso del Padre Cristóbal de Santa Catalina. La iglesia ha sufrido importantes reformas acometidas durante la segunda mitad del siglo XIX y el XX. Se conservan dos obras atribuidas al pintor de la escuelas barrocas Sevillana Valdés Leal y un lienzo del artista cordobés Antonio del Castillo. También podemos encontrar dos tallas de importante factura: Nuestro Padre Jesús Nazareno, talla anónima del siglo XVII y María Santísima Nazarena, del siglo XVIII.

 

Iglesia del Juramento de San Rafael (Plaza de San Rafael)

Se levanta sobre el lugar donde la tradición dice que San Rafael se apareció al Padre Roelas en el año 1578 jurándole custodiar la ciudad. Será a finales del siglo XVIII cuando se abrirá una suscripción popular que financie las obras de dicho templo. Proyectado por Vicente López, se consagró finalmente en el año 1806.

Ejemplo de gran originalidad por combinar un espacio longitudinal y circular, presenta la última fachada de estilo neoclasicista que se erige en Córdoba. Alberga a su vez obras de gran calidad como la imagen del arcángel San Rafael realizada por el escultor Alonso Gómez de Sandoval en el año 1735 y lienzos del pintor y biógrafo cordobés Antonio Acisclo Palomino, del siglo XVIII.

 

Iglesia de la Magdalena (Plaza de la Magdalena)

Fundada por el rey Fernando III en el año 1236, hay carencia documental sobre el inicio de las obras. Dispuestas en tres naves cubiertas por bóvedas de crucería y techumbre envigada de madera, su originalidad radica en las tres portadas. La principal a los pies es abocinada coronándose por un óculo que pudo cobijar una imagen. La fachada que se abre a la plaza contó con dos o más esculturas de la Anunciación, de la que queda solamente el arcángel, mientras que la portada de la nave derecha está decorada con un alfiz y puntas de diamante, prueba palpable de la impronta musulmana. A pesar de estar cerrada al culto desde el año 1956 y sufrir un grave incendio ha sido recientemente restaurada para convertirse en sala de exposiciones y conciertos.

 

Iglesia parroquial de San Lorenzo (Plaza de San Lorenzo)

Toma como emplazamiento una antigua mezquita del siglo X perteneciente al arrabal musulmán conocido como la almunia de al-mugira. La nueva parroquia se levantará entre los años 1244 y 1300 aprovechando anteriores materiales constructivos. La planta de tres naves corresponde a los modelos medievales de la región con características propias del estilo fernandino de la Reconquista, (siglo XIII). Posteriormente se fundan varias capillas funerarias y las bóvedas se cubren con pintura mural de estilo italógico (siglo XVI).

Pero, sin duda, lo más característico de la iglesia es su rosetón  de tradición mudéjar y la esbelta torre renacentista, obra de Hernán Ruiz II y claro precedente de la Giralda de Sevilla. Entre las imágenes procesionales destacan dos tallas barrocas muy originales: El santísimo Cristo del Remedio de Ánimas y Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas.

 

Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen (Plaza Nueva)

Esta fundación de la orden calzada data del siglo XVI llegando a convertirse dos siglos más tarde en uno de los conventos más importantes de la ciudad. Durante la guerra de la independencia sufrió graves daños desplomándose su iglesia a principios del siglo XX.

Parte del claustro se integra en la Facultad de Derecho cuya iglesia barroca albergan un retablo con valiosísimas pinturas de Valdés Leal, una de las figuras más representativas del siglo de oro español.

 

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Gracia (Plaza del Corazón de María)

Se construyó en el año 1686 sobre una antigua ermita donde se establecería un convento de la orden trinitaria. Su fachada debida a Sebastián Vidal responde a un estilo anterior al momento en el que se erige, con claro esquema manierista.

Destacan el Retablo Mayor barroco de rica decoración escultórica, la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, cuya imagen del siglo XVIII goza de gran devoción popular, el Santísimo Cristo de Gracia, obra mejicana realizada en pasta de caña y una Inmaculada de Pedro Roldán, escultor de la escuela barroca Sevillana.

 

Iglesia parroquial de Santiago (Plaza Agustín Moreno)

La parroquia de Santiago se asienta sobre la antigua mezquita del amir Hisam de la que se conserva el alminar del siglo IX, transformado en torre campanario desde que se consagrara como iglesia cristiana en el siglo XIII. Las reformas del siglo XVIII, unidas a un pavoroso incendio acaecido en el año 1979, alteraron el estado original del conjunto. Sin embargo, se mantiene la estructura arquitectónica de la iglesia, los ábsides, una bella capilla funeraria del siglo XV y la portada principal que se sitúa a los pies (calle Ronquillo Briceño).

Entre las imágenes procesionales destacan el Cristo de las Penas, una obra anónima de estética tardagótica fechada en el siglo XV y la Virgen de los Desamparados (1973).

 

Iglesia parroquial de San Pedro (Plaza San Pedro)

La parroquia de San Pedro, próxima a la Plaza de la Corredera, ocupa un enclave vinculado con el lugar donde según la tradición local se guardaban las reliquias de los mártires cordobeses: las basílicas mozárabes de los Tres Santos. Fundada por el rey Fernando III, se edificaría tras la conquista cristiana con tres naves cubiertas por bóvedas de crucería y armadura de madera.

Aunque a partir del siglo XIV van añadiéndose capillas funerarias, la reforma más sobresaliente del conjunto viene dada en el siglo XVI, cuando Hernán Ruiz II, autor de bellas mansiones y torres renacentistas en Andalucía, diseña la portada principal respetando anteriores machones góticos y agregando un acceso a modo de arco triunfal con templete paladino de San Pedro. Entre los bienes patrimoniales de carácter inmueble destacan tres retablos barrocos, seis imágenes de ángeles atribuidas a Pedro Duque Cornejo y el arca de plata punzonada que alberga los restos de los santos mártires de Córdoba.

 

Iglesia claustro de San Francisco (Compás de San Francisco)

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Frente al postigo que unía la antigua medina musulmana con la axerquía (arco del portillo), se emplazó el monasterio de San Pedro el Real, hoy iglesia de San Francisco. Perteneciente al barrio bajomedieval de San Nicolás de la Axerquía, ocupaba un despoblado que después presenciaría una nutrida actividad comercial y artesanal. Parte de la huerta monacal se vendió a los mercaderes como casas-tienda que fueron instalándose en las calles colindantes.

Sede de reunión del cabildo y lugar donde se fijaban los pregones de los jueces, su puerta fue también testigo de ejecuciones públicas. De aquel momento solo queda la cabecera, el crucero y algunas capillas de un templo construido en el año 1246, ya que durante los siglos XVII y XVIII su estructura se verá profundamente alterada. Transformada en iglesia barroca de una sola nave, se añadirán capillas, portada, tribunas y una majestuosa cúpula oval. Cuenta con un bello claustro del que se mantienen dos de sus lados, un compás del siglo XVIII además de interesantes retablos, imágenes y una magnífica colección de pintura barroca local.

 

Plaza de la Corredera

Siguiendo el modelo barroco de las plazas mayores castellanas, el corregidor Ronquillo Briceño ordena su construcción en el año 1687 siendo por sus características única en Andalucía. Documentada en la Baja Edad Media como «lugar destino para correr caballos» se convirtió en una de las zonas más animadas de la ciudad donde se arrendaban inmuebles para “las vistas en las fiestas de toros.

Espacio donde también se realizaban los pregones, el lado meridional estuvo ocupado desde el año 1583 por la cárcel, el pósito y algunos mesones. En el siglo XIX fue instalada una fábrica de sombreros y un gran mercado de abastos derruido en el año 1959.

 

Plaza del Potro

Debe su nombre al caballo encabritado que remata una fuente renacentista. Su primera mención histórica se remonta al siglo XV aludiendo a la existencia de un lugar «para herrar caballos» aunque la plaza no se comunicó con la ribera ni tuvo fuente alguna hasta el siglo XVI.

 

Posada del Potro (Plaza del Potro)

Lugar cervantino y claro ejemplo de la arquitectura popular cordobesa. Fue conocida desde el siglo XIV como el mesón de La Pastora.

 

Arco del Potrillo (Calle San Fernando)

Frente a la parroquia de San Francisco, este postigo de muralla comunicaba la antigua medina musulmana con la Axerquía. Desde el siglo XVIII aparece documentado como Portillo de Corvache, apellido de algún vecino que habitara en las casas más próximas.

 

Casa de los Marqueses del Carpio (Calle San Fernando)

La casa de los Marqueses del Carpio fue donada por el rey Fernando III a los Méndez de Sotomayor con el fin de defender y vigilar la muralla tras la conquista de Córdoba.

Anexa al recinto fortificado, aprovecha una de las torres del siglo XV conteniendo además, patio de estética neoárabe y restos de una casa romana en el sótano.

 

Zona arqueológica de las Cercadillas. Palacio del emperador Maximiano Hercúleo (Avd. de los Aguijones) 

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Las campañas de excavación arqueológica que vienen realizándose en el yacimiento desde el año 1991 han documentado un colosal complejo arquitectónico construido entre los siglos III y IV d.C. Se trata de un importante palacio erigido sobre una anterior villa romana a extramuros de la ciudad, caso único en todo el imperio romano puesto que no se conoce ningún otro edificio de similares características. El conjunto palatino donde residió el emperador Maximiano Hercúleo entre los años 296-297 d.C. se organiza en torno a un criptopórtico semicircular con una galería semisubterránea de dependencias palaciegas.

Coincidiendo con el eje del monumento se dispone la sala donde se celebran las audiencias presididas por el emperador, junto a unas termas privadas. A ambos lados de la dependencia fueron localizadas otras dos estancias que pudieron desempeñar funciones administrativas y un área residencial destinada al alojamiento y descanso del magnate.

Durante el siglo VI d.C. parte del palacio se reutilizó como centro de culto cristiano asociado a una extensa necrópolis donde se localizaron restos de obispos cordobeses desconocidos hasta el momento. Incluso en la época califal el yacimiento formó parte de uno de los arrabales que rodeaban la ciudad donde aparecieron casas, parte de trama viaria así como una buena parte de utensilios que utilizaron aquellos ciudadanos residentes en la capital de al-Ándalus.

 

Ermitas de Nuestra Señora de Belén (carretera de Villaviciosa, Km 9)  

A unos veinte kilómetros de Córdoba, en las estribaciones de Sierra Morena se encuentra el eremitorio o Desierto de Belén, conocido comúnmente como Las Ermitas.

Según refiere la tradición, el origen de comunidades anacoretas refugiadas en la sierra data del siglo III d.C. aunque habrá que esperar al siglo XVII cuando Francisco de Jesús decide reunir a los ermitaños en un mismo recinto habilitando una iglesia.

Las trece ermitas se encuentran diseminadas en la ladera aunque todas presentan el mismo esquema de planta rectangular, cubierta a dos aguas y espadaña, interior con distribuidor, cocina y un minúsculo dormitorio. La iglesia que vemos hoy pertenece al siglo XIX destacando las pinturas murales, su ajuar litúrgico y los retablos.

Desde el mirador de las ermitas pueden contemplarse las vistas más espectaculares de las ciudades presididas por el llamado sillón del obispo y el Sagrado Corazón de Jesús, realizado en el año 1929 por Coullaut Valera.

 

Madinat Al-Zahra (carretera de Palma del Río, Km 8)

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Situada a unos cinco kilómetros de Córdoba su ubicó en un marco privilegiado al abrigo de las laderas de Sierra Morena, desde donde se divisa del Valle del Guadalquivir y la Campiña.

En el año 929 Abd al-Rahman III se autoproclamó califa tras vencer los disturbios internos que asolaban al-Ándalus, someter a algunos príncipes rebeldes norteamericanos y dominar a los reinos cristianos peninsulares. Lejos de pensar que el soberano funda una ciudad para la favorita Azahara, la nueva imagen de un estado Andalusí fuerte y consolidado argumentaba el origen de la naciente urbe. No sabemos si el alcázar de Córdoba quedó pequeño para el dignatario pero lo cierto es que desde el año 945 los funcionarios de la casa de la moneda fueron trasladados a Madinat al-Zahra, sede de gobierno, residencia personal y vivienda de una corte numerosa. Unas 10.000 personas trabajaron diariamente en su construcción utilizándose materiales locales como piedra caliza, pizarra violácea y mármol rojo, aunque ibn al-Jatib precisa que además llegaron mármoles y estatuas de oro procedentes de Bizancio, Siria y Túnez.

Todo el conjunto de 1.518 metros estaba rodeado por una sólida muralla dispuesta en tres terrazas pendientes. La superior correspondía a dependencias privadas del dignatario y su corte, la mediana albergaba edificios relacionados con la administración y en la inferior se situó la mezquita, posiblemente la ceca, mercados y las viviendas de algunos habitantes que por una buena suma de dinares abandonaron Córdoba.

Bajando por una serie de calles hacia el Este se halla la Casa de los visires consistente en un pórtico que precede a una sala de cinco naves separadas por arquería de herradura. Otro complejo de calles en rampa empinada nos conduce a un gran pórtico, posiblemente la puerta del Estado por donde accedían las grandes embajadas que recibía el califa. Delante del mismo se abría una gran plaza en la que se concentraban las tropas y el personal de las ceremonias protocolarias.

En la terraza meridional se ubicaba el espacio más importante desde el punto de vista funcional decorativo y simbólico: el salón rico o salón de Abd al-Rahman III. Formado por una serie de habitaciones y baños anexos está rodeado de jardines, albercas y un pabellón en proceso de restauración. Marco incomparable donde el califa recibía las visitas de los embajadores del Imperio Germánico, Bizancio y Reyes Cristianos, también se celebraron allí los eventos correspondientes a los dos grandes días festivos del calendario musulmán. Dividido en tres naves por juego rítmico de arcos y columnas de mármol rojo y azulado, sorprende su rica ornamentación de ataurique (motivos vegetales labrados sobre piedra caliza y mármol) cubriendo paramentos, arcos y basas.

A extramuros de la medina se emplazó la mezquita levantada en tan solo cuarenta y ocho días gracias al trabajo de unos mil obreros. Su estado de conservación es lamentable debido a los grandes destrozos que sufrió durante la guerra civil que asoló al-Ándalus entre los años 1009 y 1031 transformando en ruinas Madinat al-Zahra, una ciudad palatina que apenas llegó a alcanzar setenta años de vida.

 

Museo de Bellas Artes (Plaza del Potro)

Frente a la posada y Plaza del Potro se encuentra el Hospital de la Caridad, una fundación de los Reyes Católicos hoy sede del Museo de Julio Romero de Torres y de las Bellas Artes. La fachada exterior izquierda muestra el antiguo pórtico de ingreso a la iglesia del hospital junto a una portada que no rompe la estética gótico-humanista del conjunto a pensar de ser construida en el año 1924. Del primitivo edificio se mantiene la escalera, decorada con pinturas murales y cubierta por un bello artesonado, así como la antigua capilla hoy sala de pintura barroca.

El Museo de Bellas Artes inicia su andadura en el año 1862 gracias al tesón de Rafael Romero Barros, pintor y director de la escuela de artes donde surgirá una generación de artistas reconocidos, como sus propios hijos Rafael, Julio Romero de Torres y Tomás Muñoz Lucena. El origen de este museo partió de la necesidad de conservar una serie de obras procedentes de antiguos conventos cordobeses desamortizados durante el siglo XIX sin las cuales no podríamos entender la historia de la pintura local. Destacan, pues, murales, tablas y lienzos renacentistas, barrocos y contemporáneos de autores como Alejo Fernández, Francisco de Zurbarán, Antonio del Castillo, Valdés Leal, Antonio Acisclo Palomino, Rafael y Julio Romero de Torres. No conviene tampoco olvidar la numerosa colección de dibujos y grabados barrocos y románticos así como una variada muestra de la escultura española de los siglos XVII y XIX representada por Juan de Mesa y Mateo Inurria.

 

Museo de Julio Romero de Torres (Plaza del Potro)

Compartiendo el ala derecha del Hospital de la Caridad se ubica el Museo de Julio Romero de Torres, antigua casa del pintor inaugurada como pinacoteca dos años después de su fallecimiento en el año 1932. Nacido en el año 1874 recibió formación de su padre Rafael Romero Barros bajo influencia de un realismo social, simbolismo y vanguardias evanescentes del momento. Sin embargo, lejos de adoptar un estilo de gran modernidad optó por crear una estética muy personal alejándose de un lenguaje excesivamente academicista. Tachado como pintor folclórico de flamenquería, mujer y tablao, Romero de Torres supo plasmar algo más que eso: la encarnación del sentido trágico de la vida, la nostalgia y el erotismo de bellas mujeres como símbolo del gran misterio existencial.

El Museo, además de recoger gran parte de su obra en cuatro salas de la planta alta y baja presenta interesantes testimonios fotográficos y periodísticos sobre el autor y su época. La sala I está dedicada a la primera etapa artística, marcada por un carácter costumbrista de reflejar la realidad social del momento, mientras que en la planta alta se exponen algunas de sus obras más personales y significativas: Naranjas y Limones, La chiquita piconera, Cante Hondo, etc….

 

Museo Arqueológico Provincial (Plaza Jerónimo Páez)

El Museo Arqueológico ocupa la antigua mansión renacentista de la familia Páez de Castillejo conservando algunos patios, diversos artesonados, la escalera y la portada principal, obra de Hernán Ruiz II. El edificio se asentó sobre el teatro romano de la Colonia Patricia Corduba construido en el siglo I d.C. aprovechando la fuerte pendiente natural que existía entre el Convento de Santa Ana y la Plaza de Jerónimo Páez. Considerado como uno de los teatros de mayores dimensiones en la península, parte de sus restos se integran en la llamada Casa del Judío y en la sala epigráfica del museo donde podemos observar una de las escalinatas de acceso al conjunto y pavimento original del mismo.

Las nueve salas expositivas exhiben el abundantísimo y valioso patrimonio arqueológico-etnológico de la provincia de Córdoba con los más antiguos vestigios de la presencia humana en la zona, piezas prehistóricas e ibéricas. Del período romano, cuando Corduba fue capital de la Bética, encontramos numerosos ejemplares arquitectónicos, escultóricos, joyas, cerámicas, monedas, mosaicos, sarcófagos, inscripciones, etc… Aparte de una representación de la cultura material visigoda, la segunda planta acoge una de las más importantes muestras internacionales de arqueología hispanomusulmana, dedicándose específicamente una sala a la ciudad palatina de Madinat al-Zahra.

 

Museo Diocesano (Calle Torrijos)

Toma como emplazamiento el solar de los viejos alcázares visigodos y musulmán frente a la Mezquita-Catedral, antiguo palacio episcopal y residencia del obispo. Durante el siglo XVI se hicieron importantes reformas hasta añadirse al núcleo central en el siglo XVII. Desde el año 1980 parte del edificio se transforma en museo presentando una importante colección de unas quinientas obras del patrimonio eclesiástico provenientes de la diócesis de Córdoba. En el patio pueden contemplarse elementos arqueológicos romanos, visigodos, escudos del Renacimiento mientras que en las restantes salas de exponen cronológicamente obras pictóricas y escultóricas de los siglos XIII al XVIII así como una magnífica selección de tapices.

 

Museo Taurino (Plaza de Maimónides)

En la plaza de Maimónides, corazón de la judería, se halla la antigua casa de las Bulas, edificio renacentista que albergaba un museo temático sobre la historia de la tauromaquia cordobesa. Figuras como Lagartijo, Guerrita, Machaquito, Manolete (los califas del toreo) tienen dedicadas salas específicas donde se muestran fotografías, trajes de luces, carteles y objetos de lidia. Siguiendo un criterio cronológico, el primer espacio expositivo está representado por Machaquito y Rafael Molina Lagartijo, matador cordobés nacido en el año 1841. Un torero de su cuadrilla, Rafael Guerra Guerrita comparte sala con el rejoneador Antonio Cañero, máximo exponente de la lidia a caballo. De Manolete, uno de los toreros más afamados tanto por su perfecta técnica como su sobriedad, se expone una réplica de su mausoleo funerario así como la cabeza del toro Islero que puso fin a su vida.

El recorrido finaliza con una última sala protagonizada por Manuel Benitez El Cordobés repleta de recuerdos fotográficos. El museo taurino también conserva obras de Benlliure así como una variada colección de litografías y carteles de la feria cordobesa.

 

Palacio de los Marqueses de Viana (Plaza de Don Gome) 

Palacio Marqueses de Viana

Morada de los Marqueses de Villaseca, sus orígenes se remontan al siglo XIV. No obstante la fachada y la escalera principal atribuidas a Juan de Ochoa presenta un estilo manierista (siglo XVI). El conjunto queda distribuido en doce patios con distinta variedad floral y en dependencias entre las que destacan unas antiguas caballerizas, salones, comedores, dormitorios privados y una biblioteca.

Interesa además el mobiliario antiguo de estilo español y francés, una importante colección pictórica, armas de fuego, vajillas, tapices y cueros trabajados.

 

Torres de Calahorra. Museo de las Tres Culturas (Puente Romano) 

En la orilla izquierda del Guadalquivir se levanta  la Torre de la Calahorra construida en el año 1369 cuando el rey Enrique II de Trastámara repara el puente romano y refuerza esta fortaleza de época musulmana. Cárcel de la nobleza cordobesa durante el siglo XVIII, escuela femenina en el XIX y museo histórico en el siglo XX, actualmente acoge el Museo de las tres culturas. Con una sofisticada tecnología de audio guía, la Fundación Roger Garaudy propone un acercamiento a las tres culturas (cristiana, judía, musulmana) que convivieron en Córdoba cuando fue capital de al-Ándalus. Desde sus azotes almenados pueden contemplarse vistas panorámicas de la ciudad.

 

Casa Ándalusí (calle Judíos) 

En plena judería y anexa al lienzo occidental de la muralla de Córdoba, conserva adarve abovedado y un sótano que alberga restos arqueológicos.

El visitante podrá conocer el sentido intimista de las casas hispanomusulmanas además de la maqueta de una de las primeras fábricas de papel en occidente.

 

Museo Etnobotánico (Avenida Linneo)

Ubicado en la orilla derecha del río Guadalquivir, dentro del Jardín Botánico pueden apreciarse distintas especies florales y un invernadero dividido en áreas microclimáticas. El museo consta de tres salas de exposiciones permanente donde se estudian las diferentes modalidades de interacción entre el hombre y la flora mediante una gran variedad de objetos etnobotánicos acompañados de paneles interactivos y sistemas de transiluminación.